Leer a Séneca no implica sólo un acercamiento al modo de pensar de los filósofos griegos y romanos de hace dos mil años.
Aunque parezca increible, sus ideas, como las de otros estoicos, habitan muchas de las miradas contemporáneas del mundo. Son voces antiguas, claro, pero dialogan fluidamente con nuestras preocupaciones mas actuales,
Séneca nos dice, por ejemplo, que el apuro, la velocidad, no resulta el mejor camino para Llegar a tener una vida feliz. Propone que encaremos esa búsqueda del buen vivir, y aunque la mala suerte —o la injusticia-nos juegue en contra, intentemos transformar las circunstancias adversas en oportunidades para imaginar nuevos escenarios posibles, individuales y colectivos.
En su ensayo sobre la ira repudia los actos crueles llevados adelante por gobernantes que se rien y disfrutan del sufrimiento humano, exhibiendo almas enfermas que no tienen sanación. La cuestión no es muy diferente a las crueldades actuales que vemos cada vez más frecuentemente en las discursos de odio, el racismo, la xenofobia y el sexismo.
En su estudio preliminar, la investigadora Natacha Bustos destaca en estos textos una insistencia sobre la meditación, el darse tiempo para mirarnos a nosotros mismos y observar nuestros modos de vincularnos, de entendernos. Una mirada que busca trastocar eso que somos. ¿Para qué? Para encontrar modos propios de ser, vivir de acuerdo con nuestros deseos y proyectos, imaginar mundos mejores y generar un buen vivir en comun.
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