En este texto Silvia Amigo da cuenta de una investigación llevada a cabo durante largos años. Se trata de formalizar sobre cómo es que un viviente, un mero mamífero superior, pero que a diferencia del animal nace al mundo como objeto del Otro; llega a devenir sujeto valiéndose de las tres identificaciones que Lacan relevara leyendo a Freud. La primera, al vacío del Otro que lo aloja, balizada por la letra F, que depende de que el Otro ofrezca al sujeto por venir un hueco localizable donde éste pueda alojarse. La segunda, al rasgo unario, dependiente de la lectura que el sujeto pueda hacer de entre las demandas (de goce) que éste emite, como rasgo asemántico liberador de los sentidos que ese Otro asignara. De este rasgo la autora señalará la potencia de horadar el fondo del espejo plano (esa otra figura del Otro) para desalojar al sujeto de ese lugar de posible apresamiento. Por fin este volumen ofrece una teoría novedosa de la tercera identificación. Estos movimientos pueden fallar total o parcialmente, haciendo imposible, dificultado o problemático el puerto de la subjetivación.
Este volumen conjetura que la estructura del sujeto no baja de los cielos de la sincronía del lenguaje lista para autodesplegarse en la diacronía entendida como tiempo cronológico. Se trata más bien de una discronía, tiempo discontinuo donde lo que es necesario que suceda para que el sujeto se constituya puede contingentemente faltar a la cita y hacer imposible esa emergencia. Puede en cambio hacerse posible a destiempo o solamente en medio de la trama transferencial del análisis. Este libro intenta formalizar la primera identificación, considerada habitualmente mítica e indatable. De la segunda, al rasgo unario, trata de subrayar su potencia de horadar el hueco de - ¿ en la imagen que devuelve espejo plano. Por fin ofrece una lectura y una hipótesis de la forma en que se lleva a cabo la tercera identificación. Explora la posibilidad de fracasos en diferentes puntos de la adquisición de estos hitos. Para centrarse en lo que Freud, en épocas de su segunda tópica llamara neurosis narcisistas y que la autora nombró fracasos del fantasma. El psicoanálisis arriesga hoy desaparecer en la ciudad del discurso como un síntoma olvidado. Las neurociencias y las diversas terapias alternativas dónde el discurso totalizante de la ciencia (no la ciencia) arriesga desplazarlo y aún expulsarlo de la escena. Dado que le disputan el mismo objeto: el sujeto y su padecimiento mental. Más que nunca se debe apostar a hacer a la vez accesible y rigurosa la trasmisión del psicoanálisis. Manteniendo vivo a su objeto: el sujeto dividido por el objeto que causa su deseo. No domesticable por el condicionamiento o lo conductual. Y a cuyo real se accede por la palabra.
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